La curiosa coincidencia con las crónicas de José Joaquín Jiménez o también conocido como Ximénez es increíble. Las historias de los suicidas del Tequendama hicieron famoso a Ximénez. En uno de sus relatos, Ximénez cuenta la historia de un fotógrafo que pacientemente esperaba a las víctimas del salto para tomarles una foto antes lanzarse al vacío. La cita proviene de una de sus crónicas llamada
Los fotógrafos ambulantes, pescadores de imagenes: "(...) En el Salto, como es explicable solo actuamos los domingos. - Y los suicidas? - Sabe usted, señor? No se les nota nada. Al Salto va mucha gente y las parejas de enamorados gustan de retratarse al borde mismo del abismo. Los suicidas, por desgracia, nos benefician. Acostumbran a posar antes de hacer el brinco hacia la eternidad. Y claro está: nosotros ya conocemos las costumbres de los periódicos. Nos venimos a la ciudad, y el retrato de la víctima suele venderse por un peso, un peso con cincuenta. Ya ve usted...Es una enorme ganancia. (José Joaquín Jiménez, Las crónicas de Jiménez, Editorial Planeta, 1996, pág.120)
No es curioso?... Nuestra primera visita al salto coincide con el suicidio de un señor que quedó inmortalizado en unas fotografías de su salto al vacío. Horror?, impotencia?, extrañeza?... Nunca imaginamos que algo así nos pudiera pasar pero ya que ocurrió (o que nos ocurrió porque nos afectó directamente) qué debemos hacer? Un dilema ético está en medio de este material fotográfico. Es legítimo exponer este trabajo? Se cruza el umbral de lo éticamente permitido?, de lo razonablemente establecido?. Valdría la pena revisar lo discutido por Susan Sontag en "Ante el dolor de los demás"...
Esta es la portada del libro de Ximénez editado por Planeta. La fotografía de la portada es de Fernando Cano de El Espectador.